10 claves para el éxito terapéutico con niños y adolescentes


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En la terapia individual de un adulto, este asiste voluntariamente (en la mayoría de los casos) y lleva un control interno de sus progresos, sus emociones y sensaciones. Así pues, el adulto puede estar más consciente de que pequeños cambios en sus hábitos, pensamientos o situación emocional no necesariamente quieren decir que ya está listo para terminar la atención, en tanto que todavía siente la oportunidad de evolucionar más. Pero cuando el paciente es un niño o un adolescente, suele dificultarse esta lectura o, en todo caso, su traducción. Esto ocurre así, principalmente, porque los niños y adolescentes (sobre todo los niños) no asisten solos o por voluntad propia a la atención psicológica. Son llevados por sus representantes y estos participan activamente en muchas partes de la atención, y deben continuar su participación en el hogar y los demás contextos que compartan con el paciente. Pero estos representantes no son, en teoría, los pacientes, no son sus representados, y no pueden saber o sentir con precisión lo que estos sienten sobre sus progresos. Es por ello que algunos padres, por dar un ejemplo lamentablemente común, abandonan la terapia al ver los primeros signos de evolución, confundiendo progreso con resolución, pues traducir lo que sienten sus hijos se les hace muy difícil o sencillamente no preguntan o indagan. De la misma manera, es importante recordar que la mayoría de los problemas que llevan a un niño o adolescente a consulta son vinculares (es decir, asociados a su vida con los demás), de modo que esos mismos representantes pueden ignorar la cuota de responsabilidad que tienen en el éxito terapéutico. Así pues, en este artículo pasaremos de largo las claves del éxito terapéutico que deben aplicar niños y adolescentes para su propio progreso (que existen y son importantes), para hablar de las claves a aplicar por sus padres o representantes para conseguir, no solo el éxito terapéutico en el chico, sino para extenderlo al resto de la familia. Espero que les sea de mucha utilidad.

1. Ofrezca información completa y no mienta a su terapeuta, ni durante la recolección de datos antecedentes de la situación problemática, ni en lo que suceda en casa o el colegio durante el curso de la terapia. Eso le permitirá al psicólogo entender la situación y saber cómo actuar.

2. Converse con su hij@ sobre por qué lo lleva a terapia, de acuerdo a su capacidad de comprensión, pero sin mentirle. El escucharlo de los padres ofrece mayor tranquilidad. Lo ideal es que esto lo haga antes de la primera sesión de evaluación o terapia psicológica. Pero si se siente inseguro sobre cómo llevar a cabo esta conversación, pídale a su psicólogo que le asesore al respecto.

3. No amenace a su hij@ con que le contará al terapeuta las “cosas malas” que hace, ni le haga creer que el terapeuta se molestará por ello. Eso dificulta el entablar una buena relación paciente-terapeuta y los padres pierden autoridad ante sus hijos. Por otra parte, la labor del psicólogo no es molestarse por lo que su paciente haga, sino comprenderlo y guiarlo hacia una solución. La misma premisa aplica a los padres.

4. No lo obligue a ir a terapia. Convénzalo, hágale ver lo positivo de asistir. Eso le hará sentir partícipe de las decisiones, lo mismo que de su progresiva mejoría. Convencerlo puede ser una tarea de varias fases, de modo que no hay que desanimarse o desertar si continúa reacio durante las primeras sesiones. Solo hay que mejorar los argumentos y tener constancia y paciencia. Al final, casi todos los niños terminan entendiendo la importancia de la atención.

5. Debe cuidar que su hijo no crea que está enfermo por asistir a terapia. En la mayoría de los casos los niños presentan los síntomas de un problema que en realidad es familiar. Así que es importante hacerle ver que todos están mejorando y aprendiendo cosas con esa terapia. Para que ello sea más efectivo, esto no debe quedar solo en palabras. Los padres deben ser los primeros en modificar y mejorar algunas de sus conductas negativas.

6. Preste atención a los consejos del terapeuta y aplique en el hogar las herramientas que este le enseñe. Así lo aprendido en terapia por su hij@ se extenderá al mundo real progresivamente. Recuerde que la terapia es un espacio artificial de aprendizaje y por ende es más fácil que los logros sucedan primero allí. La casa, el colegio, la comunidad, son los lugares donde realmente deben verse los cambios. Esto, además, elevará el autoestima de los padres, al sentirse parte de la solución por trabajar en ella.

7. Cuestione a su terapeuta. Pídale más información sobre algo que no entienda, muéstrese en desacuerdo si lo está, pero también con disposición a llegar a algún acuerdo. Eso le hará sentir más seguridad en los pasos dados para mejorar. Recuerde que es su deber comprender todo lo que implique el proceso de atención y no solo seguir las instrucciones de otros a ciegas.

8. Pídale consejo a su terapeuta sobre cómo estructurar una educación libre de violencia. Esto será efectivo en todos los casos. No solo en los asociados a conductas disruptivas. Y además es un deber legal. En este artículo de la psicólogo Anaís Barrios se ofrecen 7 razones a favor de eliminar la educación basada en la violencia.

9. Pase tiempo de calidad con su hij@. Recuérdele que no solo la terapia importa. No lo haga necesariamente como un premio a sus esfuerzos en la terapia, pues el afecto no es moneda de cambio para obtener mejorías de los hijos, pero es perfectamente válido celebrar juntos sus logros pasando un buen rato antes que comprándole algún objeto.

10. Mantenga la regularidad en su asistencia y no abandone la terapia antes de hacer el debido cierre. Eso permite asimilar más adecuadamente los aprendizajes adquiridos. Pídale a su terapeuta toda la información necesaria sobre la duración del plan terapéutico y los objetivos que se esperan cumplir en cada etapa, lo mismo que información sobre cualquier cambio en el cronograma.

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Crédito de las imágenes: Therapy by A.M. Briganti & Mountain Climber by Juan Pablo Bravo from The Noun Project.

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El Poder de Uno -o esa manía de ser ingenuo-


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En un mundo donde a diario salen una centena de tanques de guerra a arrasar con lo que se encuentren a su paso, ¿de qué sirve que un sujeto se pare frente a uno de estos, levante su mano y le exija detener su marcha? En un país donde a diario miles de personas burlan las regulaciones del control cambiario, ¿de qué sirve que uno solo se niegue a vender su cupo? En un universo paralelo donde para comer una sola barra de pan se deba gastar una docena de balas, ¿de qué sirve que yo tome la iniciativa de partir la mía en dos y compartirla con el que tengo al lado?

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ADVERTENCIA: El siguiente artículo contiene respuestas a las preguntas anteriores, pero has de sacarlas de entre una considerable pila de sarcasmo en la que están escondidas. Después de bastante tiempo intentando hacer comprender los principios de funcionamiento del así llamado “Poder de Uno”, he notado que uno de los mejores recursos ilustrativos para hacerme entender es la ironía. Así que, el sujeto que cree en el poder de uno ¿es un idealista con verdadero poder o es un ingenuo impotente? Para saberlo, les invito a entrar en la siguiente y hostil ficción. Espero salgan de allí con buenas respuestas.

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Es realmente hermoso el mundo de los ingenuos. Hermoso y pintoresco como una caricatura de Discovery Kids, donde todo se resuelve con una canción. Pero ya ni los niños se creen esas fantasías de animaciones educativas. El mundo real es un lugar hostil, y hay que aprenderlo desde que pones el primer pie en él, a no ser que quieras terminar el juego antes de haberlo empezado.

Por eso nuestro deber es educar a nuestros hijos en hostilidad. Hay que atacar primero para que no nos ataquen. Pararnos sobre el rayado peatonal, comernos una luz del semáforo, sobornar a un fiscal de tránsito para evitar una multa bien ganada, ya no son cosas que podemos hacer cuando vayamos solos en nuestro auto. De ser posible pongamos a nuestros hijos de testigo. Ellos necesitan aprender que aquí el que no muerde es mordido. Ellos necesitan aprender que si el mundo está en llamas, lo único que está a nuestro alcance es encender nuestros propios fósforos. Ni toda el agua del mundo acabará con este incendio, así que para qué luchar. Saquemos nuestras antorchas y hagamos lo que nos toca hacer.

Una sola persona no puede detener el fin del mundo y un millón de personas no lo acelerarán. Somos seres ínfimos. Los tentáculos de nuestras acciones no llegan más lejos que nuestra saliva al escupir. Debemos dejar la megalomanía de lado, y entender que es inútil la resistencia. Que si se están repartiendo al mundo en tajadas, no voy a ser yo el único imbécil que no tome la suya. Igual el mundo se acabará tarde o temprano y de algo hay que morir. Los seres humanos nos hemos vuelto una plaga para nosotros mismos y no ver eso, querer soñar con mundos mejores, solo nos dejará vulnerables a toda esta vorágine. Aquí al inocente ya no lo protege dios.

El día que los demás decidan cambiar, el día que los otros acepten que están arruinando al mundo, que dejen de botar la basura en la calle, que los asesinos dejen de asesinar, los violadores de violar, los corruptos de corromper, los gatos de maullar y los tiburones de comer gente… ese día yo cambiaré, yo haré lo que es correcto, yo seré respetuoso, yo trataré de cumplir las reglas, intentaré ser bueno, me comeré toda la comida y plancharé siempre los cuellos de mi camisa. Mientras tanto es mi deber mostrarme fuerte, es mi deber ser inteligente y entender que yo no vine a este mundo a cambiar nada, sino a sobrevivir, que ya la historia tuvo sus mártires, sus idiotas de turno, y yo no vine acá a engrosar la lista. Nuestra única responsabilidad es pasarla bien mientras vivamos y es imposible hacer eso sin terminar pisando a alguien tarde o temprano. No hagamos un drama que esto no es una telenovela. Si no te gusta cómo funciona el mundo, pide la parada y te bajas. Los que nos quedamos aquí, estamos claros de a qué nos atenemos. Allá tú si no quieres entenderlo.

Paremos con los tópicos

Muy bien. Paremos con los tópicos. Ya tuvimos una buena ración de ellos. Probablemente en esta lista no estén todos los tópicos que al respecto se han creado alguna vez, pero también se podría decir que es una lista válida del verbatum de muchos al enfrentarse a situaciones donde son acusados de una conducta poco ejemplar. Algunos habrán dicho una frase, otros habrán dicho otra, muy pocos las habrán dicho todas y un grupo selecto es el que las inventa. ¿Alguna vez hemos dicho alguna de estas frases? ¿Recordamos cuándo fue la primera vez que la dijimos? ¿Sabemos dónde la aprendimos o quién no las enseñó? Esas son preguntas muy interesantes, pero para un debate de mayor profundidad. Aquí nos interesa otra pregunta. Analizando detenidamente cada una de las anteriores frases, ¿creemos que alguna es más razonable que la otra? ¿Pensamos que unas frases son justificables y otras no?

Me arriesgaría a decir que pensaste que alguna de esas frases escondía una crueldad con la que no comulgas, mientras que otras te representaban mejor. Probablemente, entonces, pienses que las que te representan lo hacen porque la verdad que delatan, la conducta que llevan implícita, es más inocua que la que se expresa en otras frases. Pero lamento decirte que eso no es correcto. Todas las frases anteriores están construidas sobre la misma premisa, y como tal son igual de inocuas o dañinas, aunque cada una genere daños en su propio radio de acción, siendo unos radios mayores que otros. Pero acá no podemos caer en la mentira de que entre dos males de la misma categoría, uno es peor que otro. Matar una persona es tan grave como matar dos. Dejarse sobornar por un par de billetes es lo mismo que dejarse sobornar por una docena. El radio de acción, el grado de afectación no es lo que define a la conducta; sino la premisa de la que parte.

Una persona que asesina a otra (para ponerlo fácil digamos que a sangre fría y sin un motivo aparente), lo hace por la premisa de que la vida ajena no es de valor. Una persona que asesina a dos o a tres (con las mismas características) lo hace basado en la misma premisa. Supongo que no tengo que ir más allá en los ejemplos, para que se entienda lo que trato de decir. Así que daré por entendido que todas las frases del punto anterior representan exactamente lo mismo, de modo que si te identificas con al menos una de ellas, no deberías recriminar las otras. O al menos no deberías recriminar las otras, sin entender que al hacerlo te estás recriminando a ti por comulgar con otra idea basada en la misma premisa. Cumplido ese punto, vayamos al asunto del “poder de uno”.

El poder de uno

Resumiendo dramáticamente, el concepto del “poder de uno” apunta a la idea de que las acciones de una sola persona pueden tener muchísima influencia (superior a la de su radio de acción original) si se hacen con convicción y constancia. Digamos que el chico que se para frente al tanque de guerra, hace tanto por la pacificación como lo que hizo en su momento el más pacifista de los ganadores del Nobel de la Paz.

Lo que propone este concepto no es una idea de cuentos de hadas. Nadie dice que el chico frente al tanque detendrá la guerra. Eso no pasará. Lo que nos dice esto es que si cada uno hace algo positivo, sin mirar a los lados o esperando recibir apoyo, esas acciones igual sumarán esfuerzo. No es necesario armar un grupo de cien personas, de un millón de personas, para salir a parar tanques. No son necesarias marchas por la paz, conciertos por la paz, asambleas internacionales por la paz. Basta con que cada cual asuma un espíritu pacífico y de pacificación, para que el efecto sea global.

Por último el concepto del poder de uno habla de cómo una buena acción individual, puede funcionar como el germen para otras buenas acciones individuales. Aquí la palabra clave es “individualidad”. El poder de uno cree que hay una sola matemática posible: el 1 + 1 = 1. Aquí no hablamos de hacer grupos, congregaciones, comunidades. Hablamos de hacer individuos, con consciencia del poder que tienen sus propias acciones, y la convicción de actuar en consideración de ese poder.

La máscara de las masas vs. La individualidad

El poder de uno es un concepto de muy baja popularidad. Muy pocos lo toman como fuente de inspiración para sus acciones. Los seres humanos tenemos temor de la individualidad, porque lo que hacemos en nombre de nosotros mismos nos deja más vulnerables que lo que hacemos bajo la máscara de las masas. Saquear un supermercado, quemar un autobús, no es tan sencillo si somos los únicos que participamos en el proceso. Y no solo porque es más fácil que nos atrapen y nos detengan, sino porque es muchísimo más fácil que se activen nuestras barreras morales, y nos sintamos culpables de nuestro comportamiento. Pero, cuando estamos en medio de una turba, la individualidad desaparece.

Si la culpa es de todos, la culpa no es de nadie. Podemos saquear un supermercado, arrastrando un televisor de 82 pulgadas a través de una veintena de cuadras donde vuelan de un lado a otros disparos de militares, y probablemente en ningún momento nos detendremos a pensar: “Oye, yo, sujeto poseedor de una individualidad, estoy robando”. Nuestra mente nos complacerá con un fabuloso “Dios mío. Cuánta gente robando” en el que si acaso aparecemos nosotros, estamos tan difuminados que ni siquiera podemos vernos. Y así seguimos arrastrando nuestro televisor y esquivando las balas.

Lo mismo pasa con las acciones positivas. Hacer el bien en solitario es solo para arriesgados. Cuando hacemos el bien por nuestros propios medios nos sentimos como si tuviéramos un cartel en la cabeza que dijera, con luces de todos colores “Soy un imbécil que no comprende la hostilidad del mundo en el que vive. Puedes abusar de mí”. Ahora cuando son muchos los imbéciles que no comprenden la hostilidad del mundo en el que viven y salen juntos, acorazados a hacer el bien, el letrero se borra de la cabeza y el pensamiento que lo sustituye es “Dios. Cuánta gente haciendo el bien”. Sea que robemos electrodomésticos o marchemos por la paz, siempre que estemos acompañados, sentiremos protección y dilución de responsabilidad. Ninguno de esos beneficios se obtienen al trabajar bajo la insignia del poder de uno. De allí su falta de popularidad.

Pero, la falta de popularidad del concepto, las dificultades que conlleva por sí mismo, los prejuicios que lo rodean, ¿implican ingenuidad si creemos en ello?

La ingenuidad del que actúa como individuo

Como practicante del poder de uno, me he enfrentado a cientos de acusaciones de ser un ingenuo. Y por un tiempo creí que los demás tenían razón, aunque eso no me detuvo. Ahora no estoy tan seguro de que la ingenuidad esté del lado que se ha estado apuntando todo este tiempo.

Como ya antes dije, el poder de uno no es un cuento de hadas. El chico frente al tanque de guerra no para la guerra, y ese no debe ser su móvil. El que cree en el poder de uno, en lo único que realmente cree es que una persona, actuando en su total individualidad, tiene mucho más poder que las masas, actuando en sus habituales conglomerados. ¿No me creen? Es lógico. Es que hemos estado enfocando el asunto desde el lado incorrecto.

Cuando tú te comes la luz, ¿lo haces solo o en grupo? No hablo de que coincidencialmente tú decidiste comerte la luz del semáforo en el mismo momento en que otro lo decidió. Lo que te pregunto es, ¿tú te pusiste de acuerdo con el otro para cometer tal infracción? ¿Perteneces a una asociación en pro de los derechos de comedores de luces de semáforo? ¿Participas en una comunidad virtual de sujetos que proclaman los beneficios de esta conducta? La verdad es que no. Cuando tú te comes la luz de un semáforo, lo haces en tu total, absoluta y privada individualidad. Es por ello que si te atrapa un fiscal, no le pone la multa a tu asociación de comedores de luces sino a ti?

Sabemos que lo que se hace de forma masiva genera probabilidades menores de ser regulado. Pero ese es un asunto completamente distinto. Al comerte la luz, tú no pensaste: “Dios mío. Cuántas infracciones de tránsito en esta sola encrucijada”. Eso es lo que pensarías si tus acciones ocurrieran en medio de una masa organizada. Digamos, un grupo de personas que se planificó para no atender a las luces del semáforo el miércoles 23 de octubre a las 3 de la tarde, en todo el municipio tal, como reclamo de las continuas fallas en dicho servicio. Lo que tú pensaste fue, palabras más, palabras menos “Creo que tengo chance de comerme la luz. No hay fiscales / Hay fiscales pero están distraídos / Hay demasiados comiéndose la luz como para que me atrapen a mí / Hay otros comiéndose la luz y nadie hace nada para detenerlos”. Lo importante de todo esto es que en tu pensamiento identificas la conducta como una personal.

Pero todavía falta lo mejor. Así como tú te comes la luz, haciendo uso de tu inviolable individualidad, todos y cada uno de los ciudadanos que lo hacen, también hacen gala de tal facultad. Así pues, tenemos a un conjunto de individuos haciendo un uso de su “poder de uno” (haciendo un mal uso, pero uso al fin y al cabo), y fíjate cómo es que realmente sí genera un cambio dramático. ¿Alguna vez te has enfrentado al estrés que implica conducir en la ciudad? Ese estrés no viene, precisamente, de una conducta prudente al volante de la mayoría. Viene de una conducta deplorable al volante, practicada por una cantidad importante de individuos, que no se organizaron de ninguna forma para actuar de esta manera. Si esos sujetos no se organizaron para violar leyes de tránsito, pues de seguro están haciendo uso de su poder de uno. Una caravana de recién graduados de cualquier carrera universitaria es un ejemplo de cómo romper reglas de tránsito de forma colectiva. Mientras no estés en un grupo de características similares, estás actuando en nombre propio.

Y he elegido como ejemplo la situación al frente de un volante. Pero el ejemplo podría ser cualquiera. Cuando pagas un gestor para agilizar un procedimiento gratuito pero lento, ¿lo haces enmarcado en una congregación de contratantes de gestores ilegales? Cuando no recoges las heces que tu perro deja en la calle, ¿lo haces apelando a una nueva propuesta de ley que tu grupo de activistas promueve? Cuando botas la basura en la calle, ¿lo haces de forma sincronizada junto a otros 2.000 sujetos que salieron a protestar por la falta de papeleras en la vía pública? Podría seguir por horas. Pero me detengo y hago una última pregunta.

¿Todavía crees que practicar el poder de uno es cosa de niños ingenuos? Yo no. Y mientras algún otro suma su individualidad a este movimiento de solitarios, yo seguiré tratando de actuar lo mejor que me resulta posible, sin mirar a los lados y asumiendo la responsabilidad y los riesgos que hay detrás de mi descontextualizado y anacrónico poder.

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7 consejos para que tu hijo coma más y mejor


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“Mi hijo no come”, “es de mal comer”, “no le gusta nada”, “solo quiere chucherías”, “apenas le sirvo quiere irse al televisor de nuevo”, “ya he probado de todo para que coma y nada funciona”, “me preocupa que se enferme”. El tener a un niño en casa que coma poco (o poca variedad), no solo limita el menú que le podamos ofrecer (o el que podamos comer nosotros), sino que además genera riesgos de desnutrición o malnutrición, que ningún padre desea correr. Es por ello que esta problemática se repite con bastante frecuencia como motivo de consulta psicológica o pediátrica. Nadie quiere que una situación como esta se extienda demasiado tiempo, y en el camino son muchos los pasos en falso que se pueden dar. Para evitar esos falsos pasos, entonces, les ofreceré en este artículo 7 consejos, que deben aplicarse en conjunto, para que puedan mejorar la alimentación de sus hijos en cantidad y calidad.

Pero antes de empezar haré una acotación: no hay fórmulas mágicas para que un niño coma más y mejor. Los consejos que aquí se proponen implican un cambio de actitud ante lo que significa comer, dar de comer, compartir la mesa, explorar el sentido del gusto, etc. Por ello deben ser aplicados indefinidamente. Si estos consejos se aplican con convicción y compromiso, los resultados pueden empezar a observarse en las primeras 2 semanas, pero es importante que los cambios hechos en nuestras rutinas se mantengan por mucho más tiempo. Lo bueno es que además de un hijo que coma mejor, tendremos hábitos más sanos para nosotros mismos, y estoy seguro de que ese es un beneficio que también les motiva. Así que sin más preámbulos, los dejo con la lista de consejos para mejorar la alimentación de sus hijos.

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Consejo # 1: Disfrutar más la comida.

Los padres son las personas más importantes en la vida de un niño, y si cada vez que este se sienta en una mesa observa que papá y mamá disfrutan muy poco de la comida, que comen apurados, que atienden otros compromisos, que se quejan de la comida, que dejan comida en el plato… rápidamente aprenderá a no apreciar la comida y se volverá un comensal quisquilloso, que piensa que el tiempo dedicado a comer es tiempo perdido. Para evitar esto la solución es simple y clara. Disfruta tu comida como si no hubiera un mañana.

Muchas veces, cuando tratamos de hacer que un niño coma, sobreactuamos placer por comer y al niño le resulta evidente que se le intenta manipular. Esto no tiene nada que ver con disfrutar la comida. Esto es solo manipulación y tiene poco o nulo efecto, sobre todo si se utiliza con frecuencia. Cuando se habla de disfrutar la comida, se habla de disfrutarla genuinamente. Muchas veces, por el apuro con el que vivimos nuestras rutinas diarias, no nos detenemos a apreciar los sabores de lo que comemos, como si fuésemos automóviles que solo han parado brevemente en la estación de servicio a reponer gasolina para continuar la marcha. La comida es mucho más que combustible. Es sabor, es olor, es disfrute, es compartir, es vida. Por ello, no podemos menospreciarla, y menos frente a los ojos de un niño. Nuestros hijos deberían vernos disfrutar la comida, y para ello deberíamos disfrutarla.

Todo esto quiere decir que deberíamos cocinar con más ganas y con más mimo, detenernos a saborear la comida, encontrarle lo bueno a cada plato, mostrar disfrute con gestos y palabras. De esta forma nuestro hijo empezará a ver con ojos renovados la comida. Pero también significa no quejarnos de la comida o mostrar desagrado por ella. Si algo no nos gustó de la comida, perfectamente podemos conversarlo entre adultos después de finalizada la comida, y en privado.

Consejo # 2: Ser más atrevidos. Comer cosas nuevas.

Para un niño pequeño muchos platos pueden ser nuevos, y suelen no tener alternativa diferente a enfrentarse a ellos. Pero nosotros, como adultos, puede que tengamos años sin probar nuevas cosas, y sin volver a probar cosas viejas que ya habíamos definido que no nos gustaban. Si antes acordamos que los niños aprenden de nosotros, qué mejor ejemplo podríamos darle que comer cosas nuevas nosotros.

Eso no quiere decir que esas cosas nuevas se las vamos a dar a nuestros hijos también. Si la alimentación de nuestros hijos todavía sigue siendo baja en cantidad y calidad, probablemente no sea el mejor momento para explorar alimentos más “exóticos”, por decirlo de alguna forma. Pero nosotros como adultos podemos comer algunas cosas nuevas, al tiempo que le preparamos comidas habituales a nuestros hijos.

Suele servir hacer un día a la semana, a la quincena o al mes, en que los adultos celebren el acto de probar nuevas recetas. Podrían llamarle “Día de probar nuevas recetas”. Primero empezarían esta rutina como cosa de los padres, preparándole a los hijos una cena convencional, pero invitándoles a que, si lo desean, les pidan de la comida especial. Si les agrada, pueden dividir su plato y compartirlo con ellos. Si no les gusta, no hay que hacer alarma. Les dicen con una sonrisa que no hay problema, que más adelante puede volver a probarlo. Y si es a ustedes a los que no les gusta, tomen la situación con el mejor humor. Explorar es exponerse a fallos, pero si tenemos espíritu de exploradores eso no nos desalentará a seguir probando. Todo lo contrario. Esa es la actitud que ellos deben ver en ustedes. Lo más probable es que pasados unos dos o tres meses de llevar esta nueva actividad, los niños quieran ser parte de la misma, lo cual mejorará su actitud para enfrentarse a otros alimentos de su cotidianeidad.

Consejo # 3: Comer juntos en la mesa hasta el final. Sin apuros.

Es natural que por el trabajo y diversos compromisos del día a día no tengamos tiempo para comer juntos como familia todas las veces. Pero es importante apartar tiempo para comer juntos al menos una vez al día (siendo lo ideal 2 veces al día). Si se trata de una familia donde uno de los padres trabaja a distancia y solo duerme en casa algunos pocos días a la semana o al mes, en ese caso, al estar en casa hay que aprovechar al máximo los tiempos de comida para estar juntos (si fuera posible aprovecharlos todos, mucho mejor). Sin embargo, aún si no pudiese estar toda la familia, lo ideal es que cuando menos un adulto acompañe al niño durante todo el tiempo que ambos duren comiendo. En todos los casos, este “sentarse juntos a la mesa” debe hacerse sin apuros. Eso quiere decir que nadie debe pararse de la mesa hasta que todos hayan terminado. Y si alguien tarda más de la cuenta, la actitud de los que esperan debe ser positiva y distendida. Nadie apura a nadie.

Si apenas terminamos nuestro almuerzo nos paramos de la mesa para limpiar o hacer cualquier otra cosa, no le estamos dando al niño la importancia que se merece. Muchas veces lo que se estila es esperar a que el último adulto termine de comer y luego de eso todos los adultos se levantan de la mesa, dejando a los niños solos, como si estos no merecieran las mismas consideraciones. Comer es un acto social y por ende se disfruta más en compañía. Un niño que se queda solo en una mesa siente que no es tan importante como para ser esperado, y al no estar entretenido con la compañía de otros, empieza a sentirse ocioso en la mesa, y la comida empieza a estorbarle. Estando acompañado, sin presión, en cambio, siente que la comida es un evento digno para dedicarle tiempo. Por ello, la compañía que ofrezcamos a un niño que se tarda más que el resto de los comensales, debe ser relajada. Continuar la conversación que manteníamos, sin mencionar el factor tiempo, salvo que el mismo se dilate demasiado (por encima de 30 minutos), en cuyo caso habría que hacerlo con calma y sin procurar demasiada presión. A todo esto habría que agregar que es necesario comer siempre a las mismas horas, para establecer rutinas sanas.

Consejo # 4: Cero distracciones a la hora de comer.

Cuando es la hora de comer, muchas familias suelen mantener un televisor encendido o atender a sus celulares, consolas de videojuegos, entre otras distracciones. Esto lleva un mensaje clarísimo al niño: comer es una pérdida de tiempo, que en lo posible debería ser rellenada con alguna otra actividad de genuina utilidad. Eliminar todas las distracciones en la mesa, entonces, es una obligación si se quiere mejorar la alimentación de un niño. Pero de nada sirve que se eliminen las distracciones si durante la comida tenemos la mente puesta en ellas, a la espera de dar el último bocado y salir corriendo a recuperarlas. Como ya se dijo en el punto anterior, la comida es un ritual que debemos seguir sin apuros. Así que, al sentarnos a la mesa, y desconectarnos del resto de nuestras distracciones habituales, nuestra actitud debería ser de genuino despojo. Estamos libres de distracciones y además actuamos cómodos, mostrando que comer es más importante que todo esto y que por el momento no lo necesitamos.

Las distracciones que podrían permitirse durante la hora de comer son dos: música y charla. Pero ambas deben cumplir con un principio: deben ser ligeras. Música y charla de compañía, de fondo. Si nos involucramos en temas que nos exijan hablar, reírnos, gritar más que comer, la atención estará centrada en la conversación y no en la comida. Lo mismo si la música es muy estridente, o de esas que casi nos obligan a cantar de principio a fin, de tanto que la disfrutamos. Tampoco quiere decir esto que tenemos que poner música que nos aburra y hablar de temas vacíos. Podemos aprovechar el espacio de comer para compartir las cosas que hemos hecho durante el día y las que pensamos hacer más adelante. Hablar de comida y del disfrute que ella nos provoca, de otras cosas que quisiéramos comer otros días, es un excelente tema en la mesa. Lo importante es que los niños deben estar involucrados en las conversaciones y la música debería ser de su agrado. De otra forma, no serviría de nada.

Eliminar las distracciones puede resultar difícil los primeros días (tanto para niños como para adultos). Pero siempre que seamos firmes y nosotros cumplamos también la restricción (sin excusas, pues nuestras distracciones no son más importantes que las de ellos), pronto podrá volverse algo rutinario, y ya no necesitaremos más que comer mientras estemos comiendo.

Consejo # 5: Involucrar al hijo en la cocina.

Se suele decir que no hay fruta más sabrosa que la que uno mismo arranca del árbol. Esto nos habla de cómo nuestra mente se condiciona al disfrute cuando siente que ha sido parte activa de su construcción. Y esta es una regla que también aplica para los niños, a quienes solemos apartar de la cocina por una mezcla de miedo y practicidad. No queremos que se causen un daño preparando cualquier cosa en la cocina, y además creemos que con su participación tardaremos más que haciendo las cosas solos. Aunque todo esto pueda ser válido, es importante quitarnos estas concepciones e involucrar a nuestros hijos en la cocina. Así les regalaremos la posibilidad de sentirse protagonistas de lo que comen, y como tal aprenderán a disfrutarlo más.

Si nuestro hijo es muy pequeño, o nunca ha hecho nada en la cocina, podemos empezar por darle responsabilidades muy pequeñas, como escoger los vegetales, limpiarlos, medir cucharadas de algún ingrediente, entre otras cosas. Ya cuando tenga un poco más de experiencia, podemos darle responsabilidades mayores. Pero no hablo de darle esas responsabilidades 5 años después de haberles dado las primeras. El proceso de evolución debe ser continuo. Si nuestro hijo participa a diario de la preparación de los alimentos en al menos una pequeña cosa, mejorará sus destrezas muy rápido, y él mismo pedirá responsabilidades mayores. No se trata de “que el niño crea que ayuda”, sino de que se le permita ayudar de forma real. Puede que esto nos retrase o que genere uno que otro desastre (incluso uno que otro accidente), pero son enseñanzas importantes para la vida que no le podemos negar, y que además de hacerle ver la cocina con otros ojos, le dará un mayor sentido de independencia.

Lo importante al involucrar a un niño en la cocina, es mostrar paciencia y tranquilidad durante todo el tiempo. Si nos molestamos por cualquier error que cometa, o nos mostramos nerviosos a cada instante, el niño no aprenderá a sentir la cocina como un lugar de creación, sino como un lugar a temer. Al involucrar a los niños en la cocina, entonces, podemos empezar a hacerlo, primero con algunos de los platos que sabemos que le gustan mucho, y luego podemos ir involucrando otras recetas que no le gustan tanto, e incluso recetas nuevas. Cuando ya tenga más experiencia, podemos pedirle su opinión sobre qué especia agregar, o sobre cómo preparar algo, para que el resultado sea distinto.

Consejo # 6: Agregar con inteligencia los alimentos que no le gusten.

Supongamos que a tu hijo no le gusta la zanahoria. Si quisieras que empiece a comer zanahoria, sería un error ofrecerle una ensalada únicamente de zanahoria y cebolla. Los ingredientes que nuestros hijos rechazan deben ser involucrados con inteligencia y progresividad. Siguiendo el ejemplo de la zanahoria, una forma adecuada de involucrarla sería licuada en una salsa napolitana para una pasta (asumiendo que eso le gustara al niño) o frita como tortilla y con salsa de tomate (ketchup). Si conseguimos que le guste en alguna de estas formas que resultan más diluidas o atractivas, podemos alentarle a probarlo de otras formas. Y si no lográramos que le guste en las otras formas, al menos habríamos asegurado un par de recetas en las que nuestro hijo puede comer ese ingrediente. Después de todo, nuestro objetivo no debería ser el que coma la receta exacta que nosotros queremos, sino que involucre la mayor cantidad de ingredientes en su repertorio, para que su alimentación sea balanceada. Por ello, si hay un ingrediente que no logramos que le agrade en ninguna de sus presentaciones, nuestra preocupación no debería ser ingeniar una nueva receta con este ingrediente, sino buscar sustituirle con uno que ofrezca los mismos beneficios y tenga los mismo nutrientes.

En internet pueden encontrarse muchos blogs de cocinas para niños, con infinidad de recetas sanas, nutritivas y atractivas para cada uno de los ingredientes que estamos interesados en involucrar en su dieta. Así que no depende solo de nuestra creatividad y conocimientos de cocina. Es cuestión de ponerse a buscar y elegir la forma secuencial más inteligente en que podemos presentarle ese ingrediente tan temido.

Consejo # 7: No olvidar nunca que a quien intentamos hacer que coma mejor es un niño.

Este debería ser el primer consejo a tener en cuenta. Pero lo coloco al final, para que lo integren mentalmente con todo lo previamente dicho.

Muchas veces los padres olvidan que sus hijos son niños en el momento en que deben intentar que coman más y mejor. Eso significa olvidar que su paladar es infantil y que como tal no está preparado para ciertos sabores. Lo que hace que un niño no disfrute de una copa de vino (cosa que nos alivia y agrada) o de una ensalada de brócoli (cosa que nos frustra, ¿ven la incongruencia?) es exactamente la misma: un paladar inmaduro. El paladar va madurando con los años y con los alimentos comidos, generando un umbral de tolerancia cada vez mayor, que le permite sentir placer al probar sabores más intensos. Cada uno de estos sabores debe involucrarse en su respectivo momento y con mucho cuidado. Y para ello no hay una fórmula exacta. Así que, al igual que en el consejo anterior, lo ideal es buscar la forma de involucrar sabores más intensos de forma gradual, con calma e inteligencia.

Otra cosa que implica olvidar que nuestros hijos son niños, es olvidar que son más impresionables que un adulto. No podemos pretender que un niño reaccione con naturalidad a la imagen de un pulpo encima de su plato, porque esto es algo que puede resultar grotesco para una persona que aún no comprende bien el principio de la vida y la muerte, y el hecho de que los humanos comamos seres que alguna vez estuvieron vivos (o vegetales que se parecen a las plantas decorativas de su patio). Es por ello que debe cuidarse la presentación que hacemos de los platos que comen nuestros hijos. Deben lucir agradables a sus ojos y deben apelar al estado de comprensión que tenga para su edad de lo que su sociedad ha decidido comer.

Olvidar que nuestro hijo es un niño a veces también significa darle porciones demasiado grandes. Recordemos que nuestro hijo tiene un estómago más pequeño que el nuestro y que la obesidad no significa buena alimentación (lo mismo que lo contrario). Los niños pequeños suelen necesitar más calorías que peso. Al respecto, puede resultar de utilidad el informarnos acerca del contenido calórico de los diferentes platos que preparamos para nuestros hijos, y la cantidad de gramos que pueden comer de acuerdo a su edad y talla actual. Si todavía así sentimos inseguridad y creemos que les alimentamos mal, hagamos la prueba de oro. Si nuestro hijo pesa 10 kilos (por ejemplo) y nosotros 60, comamos 6 veces lo que le damos a ellos a ver qué tan llenos quedamos. Si pretendíamos darle un plato del mismo tamaño del nuestro, ya pueden imaginar cuán llenos quedaremos comiéndonos 6 porciones del mismo.

Por último es importante recordar que nuestros hijos son niños cuando debemos enfrentarnos a pataletas, llantos, excusas tontas, mentiras, chantajes, manipulaciones, entre otras cosas, para evitar comer. Todas estas son reacciones naturales de un niño que todavía no tiene una madurez emocional y un lenguaje lo suficientemente desarrollado, como para resolver sus problemas como los resolvemos nosotros los adultos. Además los niños son personas con muy poco poder dentro del sistema familiar, y han aprendido que solo pueden dar ciertas respuestas “tramposas” para salir de situaciones desagradables. Esto es más culpa nuestra que del niño, y por ende no podemos ofendernos porque lo intente. Los niños son niños, y los adultos somos nosotros, de modo que somos nosotros los que debemos actuar como tal. Si la respuesta del niño es inmadura, la nuestra debe ser doblemente madura. Por ello, queda completamente prohibido pegarle a un niño por no comer (o por cualquier reacción asociada), gritarle, insultarle, manipularle, chantajearle (emocional o materialmente) o castigarle. Solo una sanción es permitida en la mesa, y la veremos en el siguiente punto.

Addenda: ¿Se puede sancionar a un niño por no comer?

La única sanción permitida a la hora de enseñar a un niño a comer más y mejor es la de retirar el plato de la mesa, guardarlo en la nevera, y ofrecerlo como única opción al momento que el niño manifieste que tiene hambre, o cuando sea hora de la siguiente comida del día (volviendo a calentarlo adecuadamente). Eso siempre y cuando la porción del plato que no quiso terminar de comer estuviera adecuada a su edad. Y esto puede hacerse solo mientras el plato esté fresco y apto para ser comido. Luego de esto, se prepara otro plato en una porción adecuada y el ciclo puede reiniciarse tantas veces como sea necesario. Si se mantiene firmeza absoluta (es decir, constancia) en esta medida, el niño pronto aprenderá que somos personas coherentes y respetará nuestra posición como guías de su alimentación, de modo que cesará la manipulación de su parte.

Sin embargo, es importante recordar que ningún tipo de sanción debe usarse como primera opción. Las sanciones siempre son y deben ser la última opción a explorar en cualquier situación. En este artículo, yo les ofrezco 7 consejos muy útiles para mejorar la alimentación de un niño. Así que, si estuvieran siguiendo esta guía no debería intentarse ninguna sanción, hasta cuando menos haber intentado los 7 consejos por dos o tres semanas. Pero el asunto es que estas no son las únicas estrategias positivas existentes. Así que podría ser factible que, después de haber probado estas 7 estrategias, se documentaran y buscaran algunas otras. Solo después de eso, tendría más sentido cualquier intento de sanción.

Y es importante recordar que sanción no significa regaño. La actitud al retirar el plato de la mesa, guardarlo en la nevera y ofrecerlo luego como única opción debe ser relajada y calma. Estamos tratando de enseñarle una lección que nada tiene que ver con caras largas, malas palabras o gritos, y mucho menos con castigos eliminando televisión o videojuegos. La sanción, para que sea efectiva, tiene que asociarse directamente a la falta cometida, y tener una intención educativa. De otra forma, es preferible ni siquiera intentarla. Esto quiere decir que mientras no aprendamos, como padres, a regular nuestras emociones y presentarnos calmados y ecuánimes frente a nuestros hijos, no vale la pena ni será de utilidad ninguna sanción que intentemos colocarle. El educar a los hijos es un trabajo que empieza por educarnos a nosotros primero.

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Eso sería todo por ahora. Espero que les sea de utilidad todo lo dicho aquí y que con ello logren armonizar el espacio de la mesa y el tiempo de comer en el hogar, no solo para sus hijos sino para la familia entera. Y no podría despedirme sin recordarles que ninguno de estos consejos por sí solo es mágico, y tampoco en conjunto. La efectividad de estas estrategias está en involucrarlas de forma indefinida en nuestra rutina. Hacerlas parte de nosotros para cambiar la conducta deseada desde adentro. De otra forma probablemente solo conseguiríamos mejorías aparentes o provisionales, y eso no es lo que queremos.

Me despido, esperando saber su opinión en los comentarios. ¿Conocen alguna otra técnica para mejorar la alimentación de un niño? ¿Han puesto alguna de estos consejos en práctica? ¿Le han surtido efecto? ¿Tienen alguna palabra de aliento para los padres que se encuentren en esta situación?

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Ateísmo vs. Religión


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Ateísmo vs. Religión. Viejo debate. Se le suele simplificar diciendo: Ciencia vs. Dogma. Muy bien. Mantengamos esa simplicidad para no complicar demasiado las cosas y empecemos con este artículo donde trataremos de buscar las similitudes y diferencias entre ambos temas, en pro de saber si existe la posibilidad de lograr un diálogo más sano y respetuoso entre ambas, que estoy seguro es lo que muchísimos deseamos.

La ciencia se basa en la refutabilidad. Cuando una teoría se “comprueba”, en realidad significa que el camino para refutarla se ha hecho más espinoso, pero no imposible. De modo que “creer” en una teoría científica debería ser un fenómeno provisional. Una vez la teoría sea refutada de forma adecuada, habrá que creer en la nueva si se es una persona sensata o no se tienen pruebas para refutar la nueva versión. Entonces, qué es un cientificista sino un creyente con pruebas momentáneas y meramente contextuales.

No hay que ir muy lejos para entender que el dogma y la ciencia comparten premisas esenciales, aunque de forma polar. Solo que los dogmáticos tienen un trabajo aparentemente más sencillo, pues no resulta necesario probar lo creído, y la posible refutación científica de ello no debería afectar a la creencia. Y digo aparentemente más sencillo, pues creer sin evidencias (o con evidencias en contra) requiere fortaleza y persistencia. No hablo, por supuesto, de los casos donde se cree por comodidad o evasión (perfectamente válidos para quien los aplica), sino donde se cree incluso a pesar de cruentas (o leves) crisis de fe. Como sea que se vea, es un modo de vida difícil de vivir, pero es el que muchas personas han elegido, y muchas de ellas afirman que con dignidad, orgullo y felicidad, justo como muchos ateos afirman que viven sus vidas.

Así que, ¿dónde están los puntos de convergencia y divergencia? Empecemos por la convergencia que me interesa más.

Mientras el ateo cree en la “no existencia” de dios, a partir de las pruebas que le ofrece la ciencia sobre la creación espontánea y no dirigida por entes inteligentes del Universo y la vida en la Tierra, el religioso cree en la existencia de uno o varios dioses por intercesión de ciertos dogmas, propios o provenientes de doctrinas creadas por otros. La cuestión es que tanto el ateo como el religioso basan su creencia en la falta de refutabilidad. El primero en su provisional falta, el segundo en su total ausencia, incluso de llegar a existir.

Pero vayamos más allá. ¿Existe una prueba fidedigna, única y universalmente admisible de que el Universo y la vida en la Tierra fueron creados espontáneamente y sin intervención de entes inteligentes? La verdad es que no. Todavía seguimos esperando que se consiga crear la Teoría del Todo, y parece que falta un buen rato para ello, y que una vez conseguida seguirán quedando dudas. Así que, ¿de dónde obtienen su convencimiento los ateos de que no existe un dios? Sencillo. De otro precepto cientificista. De que no ha sido posible, hasta el momento, probar su existencia. Pero, si se cree que el Universo fue creado espontáneamente sin tener todas las pruebas sobre la mesa, ¿por qué “descreer” en la existencia de Dios cuando el juego en realidad va empatado? Ninguno de los dos bandos ha podido probar su punto con verdadero rigor científico (y sé que aquí empieza el punto álgido).

Recordemos que las religiones no necesitan demostrar sus creencias. Pueden intentar hacerlo, si quisieran entrar en territorios polémicos, pero la verdad nada en sus doctrinas los obliga. Es perfectamente válido (y además honorable) creer aunque todo te indique que no es correcto hacerlo.

Si yo pienso que la Teoría de la Relatividad está errada, ¿quién debe probarlo? ¿Yo o Einstein? Sabemos que el bueno de Albert ya no puede hacerlo, pero imaginemos por un momento que sigue vivo. En ese caso, ¿quién debe refutar a quién? ¿Einstein, que cree en su propia teoría, o yo que la pienso errada? La respuesta es lógica, aunque no muchas veces aplicada. Soy yo quien debe tratar de refutarla. Además, me resulta muy conveniente, porque de hacerlo yo, me volvería el próximo Einstein. De hacerlo su propio creador, no haría más que incrementar su fama, lo cual de seguro me caerá de la patada si ya le he agarrado idea al pobre científico. Si en cambio es la ciencia lo que me importa, no resultará desagradable para mí que la verdad se alce, sea quien sea el que la erija.

Entonces, ¿por qué encontramos ateos pidiendo pruebas científicas a los religiosos sobre sus dogmas? ¿Por qué encontramos religiosos tratando de probar científicamente sus dogmas? ¿Por qué vemos religiosos imponiendo dogmas a quien solo entiende de ciencia? Todas estas son posiciones perfectamente válidas, que no se me malinterprete. El científico puede querer luchar contra el dogma y viceversa. Pero allí es donde empiezan las divergencias y empiezan a olvidarse los vitales puntos de convergencia.

Si la ciencia es refutable, es perfectamente admisible que dios (singular o plural) exista y en algún punto de la historia humana sea probada su existencia, lo mismo que su intervención en la creación del Universo y la vida. Así pues, un ateo que se precie de ser cientificista (pues también es factible que haya alguno que no desee serlo), debe entender que su falta de creencia en dios es tan provisional como cualquier otro precepto o teoría científica en los que crea. Pero de la misma forma, es perfectamente factible que en algún punto de la historia se demuestre la inexistencia de dios, y los religiosos deban hacer un esfuerzo extra por mantener sus dogmas.

No me cuesta imaginar a muchos ateos conversos una vez se pruebe la existencia de dios, lo mismo que no me cuesta imaginar a muchos religiosos conversos una vez se pruebe su inexistencia. Estos sujetos hipotéticos, los que se convertirían una vez expresadas las evidencias, creen exactamente en lo mismo. Ambos son cientificistas. Así que sí, se puede ser creyente y cientificista al mismo tiempo. Pero no me cuesta imaginar en lo absoluto a muchos ateos reacios a convertirse una vez se pruebe la existencia de dios, lo mismo que no me cuesta imaginar a muchos religiosos reacios a convertirse una vez se pruebe su inexistencia. Como en el caso anterior, estos sujetos hipotéticos creen exactamente en lo mismo. Ambos son dogmáticos. Así que sí, se puede ser ateo y ser dogmático al mismo tiempo. Hemos dado con la principal de las fuentes de convergencia. Ateísmo no es necesariamente sinónimo de ciencia y religiosidad no es necesariamente sinónimo de dogma.

Existen, han existido y existirán ateos dogmáticos, así como existen, han existido y existirán religiosos cientificistas, que intentan probar las bases de sus creencias, y mientras consiguen demostrarlo, igual siguen creyendo. Así como el ateo cientificista, que mientras busca las pruebas de la inexistencia de dios, sigue creyendo en su inexistencia, a pesar de la falta de pruebas. El error está en creer que no se es cientificista por creer en algo que no pueda probarse, y creer que no se es dogmático por creer en algo que “por el momento” se considera probado. Lo que diferencia al uno del otro, es la reacción ante el eventual cambio del statu quo.

Cuando un ateo se enfrenta a una posible prueba de la existencia de dios, descartándola sin estudiarla correctamente se comporta como un dogmático. Cuando un religioso se enfrenta a una posible prueba de la inexistencia de dios, descartándola tras estudiarla correctamente, se comporta como un cientificista. El problema es que olvidamos que las pruebas científicas, incluso para un religioso cientificista, son entendidas muchas veces como un reto al que debe enfrentarse con fe. Allí es donde se mezclan, entonces, ciencia y dogma.

Incluso el más cientificista de los religiosos, una vez reunidas todas las pruebas (que fueron exploradas a voluntad por él mismo) de la inexistencia de dios, tiene derecho a retornar al dogma, pues desde un principio esa fue la base de su doctrina, y su búsqueda a través de los hallazgos de la ciencia (o la filosofía, teología, etc.), podría entenderse perfectamente como un camino a la espiritualidad. De la misma forma, el ateo es un hombre espiritual. Su creencia en la no existencia de dios, si se funda en preceptos cientificistas, es una búsqueda espiritual. Básicamente es una forma de “no creer en dios hasta que se pruebe lo contrario”, aunque casi suene ofensivo por excesivamente simple. Cada cual lo hace explorando sus propios textos sagrados. Los de los religiosos son textos de tradición, los de los ateos son textos cambiantes de acuerdo a los cambios de la ciencia. Pero ambos fundamentan las creencias de cada cual, y el camino de su espiritualidad, entendiendo espiritualidad como cualquier forma de búsqueda interior. Así como la falta de calor, no es ausencia de temperatura, la falta de fe en un dios no es ausencia de espiritualidad.

Ahora bien, tratemos de llegar a una conclusión. ¿La hay? La verdad es que no. Este es un tema circular e infinito. O al menos lo seguirá siendo hasta que alguien descubra algo realmente definitivo. Mientras tanto, mi posición es muy simple. Hay que creer en lo que decidamos creer, descreer en lo que decidamos descreer, respetar lo que cada cual crea y descrea, y recordar que todos somos básicamente lo mismo: somos animales filosofantes, y ello nos obliga a hacernos preguntas demasiado complejas, para las que aún no tenemos las claves completas. En la práctica, en la búsqueda de las respuestas, nos distinguimos, pero en la semántica somos lo mismo. ¿Para qué pelear entonces?

Los invito a compartir, con tolerancia, su opinión en los comentarios. ¿Es posible entender el ateísmo como una búsqueda espiritual? ¿Es posible vivir la fe en una religión simultáneamente desde el dogma y la ciencia? ¿Son el ateísmo y la religión irreconciliables o pueden vivir juntas sin problemas?

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Bienvenidos


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Con mucho agrado les doy la bienvenida a este nuevo espacio de expresión que recién inauguro. Los que me conocen desde hace un tiempo es probable que sepan que desde hace unos 3 años llevo un blog de literatura, y desde hace casi 1 año llevo un blog de cocina para parejas junto a mi esposa. Es decir, me gusta escribir y me la paso muy bien entre formularios de blogs, para crear contenidos de índole diversa. Pero hasta la fecha no me había atrevido con un blog de psicología. Era algo que quería hacer desde hace mucho tiempo, pero por una razón u otra, el tiempo parecía hacerme falta o no terminaba de encontrar la inspiración para empezar. Ahora se han juntado ambas instancias (tiempo e inspiración) en una sola oportunidad, que no he dudado en aprovechar, y que trataré de seguir aprovechando todo el tiempo que sea posible.

De la psicología es mucho lo que me interesa, y mucho lo que me gusta compartir. Pero entre los tópicos que más atraen mi curiosidad profesional, están el del psicodiagnóstico, las Necesidades Educativas Especiales y la psicología popular (o la forma en que la población general comprende y vive la psicología). Así que no se extrañen al notar que estos temas se vuelvan algunos de los más tratados. Pero también me interesan otros tópicos, que de seguro tendrán cabida en este espacio, como la psicología organizacional, la psicología educativa, social, la paternidad, la sexualidad, las relaciones de pareja… y mejor paro antes de aburrirlos desde el mismo inicio. Lo que intento decir es que espero tener la oportunidad de construir progresivamente un blog de contenidos variados y que sea de interés no solo para profesionales de la psicología o de carreras afines, sino para el resto de las personas.

Afortunadamente, esta es una materia en la que todos estamos de alguna forma involucrados, por el simple hecho de ser humanos, y mi idea es rendir un homenaje a esa omnipresencia de la psicología en la realidad global. Lo que anhelo es crear un espacio de diálogo, dinámico y fresco, donde todos podamos expresar lo que pensamos sobre diferentes temas.

No me voy a extender mucho en esta presentación, porque espero que el blog hable por sí solo. Por ello me he preocupado por retrasar su inauguración hasta el momento de haber juntado unos cuantos artículos. Ya me dirán ustedes si lo que leen les gusta o no, y conversaremos sobre lo que cada tema nos lleve a explorar.

Por ahora me despido, invitándolos a dejarme en los comentarios sus propuestas sobre los temas que les gustaría que se hable acá. Soy todo ojos.

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Asesoría en Psicodiagnóstico


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Dentro del área de la asesoría privada, ofrezco los siguientes servicios a psicólogos o estudiantes de la carrera.

  • Asesoría en psicodiagnóstico para población con Trastornos del Espectro Autista, Déficit Cognitivo, Trastornos en la Adquisición del Lenguaje, entre otras Necesidades Educativas Especiales.
  • Asesoría en psicodiagnóstico infantojuvenil asociado a dificultades socioemocionales, vinculares, educativas, etc.
  • Asesoría en elaboración de baterías diagnósticas y aplicación de pruebas psicométricas y proyectivas en población infantojuvenil.
  • Asesoría en psicodiagnóstico general en población adulta.
  • Asesoría en elaboración y humanización del informe psicológico.
  • Otros servicios personalizados relacionados a asesoría en psicodiagnóstico.

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NOTA: Las asesorías pueden realizarse tanto de forma presencial, o a distancia, a través de correo electrónico, llamadas telefónicas y chat. De modo que el servicio está disponible para psicólogos de cualquier localidad.

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Para consultar costos y disponibilidad, favor contactar por:

Teléfono:
[0426] 8420557 (De lunes a domingo en horario de Oficina).

Correo Electrónico:
psic.victorm@gmail.com

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Jornadas de Evaluación en Colegios


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La Jornada de Evaluación Psicológica tiene como objetivo la integración del especialista con la escuela, a través de la realización de evaluaciones grupales dentro de las instalaciones de la institución educativa. Estas evaluaciones permiten detectar o descartar trastornos conductuales o de aprendizaje en el alumnado, lo mismo que necesidades Educativas Especiales, o afectaciones socioemocionales, lo cual favorece la prevención y la intervención pertinente en pro del bienestar y la integración escolar del alumno.

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La Jornada de Evaluación psicológica consiste en lo siguiente:

  • Recolección de datos personales y antecedentes del alumno mediante una historia clínica que los padres o representantes deben llenar.
  • Observación participante dentro del contexto evaluativo y, de ser necesario, dentro del contexto escolar.
  • Aplicación de una batería de tests psicológicos consistente en:
    • Test de Matrices Progresivas de Raven Escala Coloreada, que permite medir la capacidad intelectual y la habilidad mental general.
    • Test de la Figura Humana de Goodenough, para valorar el rendimiento intelectual del niño y su edad mental. Permite corroborar los datos observados con el test anterior, para mayor objetividad.
    • Test de Desarrollo Gestáltico Visomotor de Bender, que proporciona valiosa información acerca del grado de coordinación visomotora del alumno, así como el nivel de funcionamiento neuropsicológico.
    • Escala de Madurez Social de Vineland, la cual debe ser llenada por el padre o representante, y permite evaluar el nivel de funcionamiento social y el desarrollo de las habilidades para la independencia.
    • Escala de Conners Revisada, la cual debe ser llenada tanto por el padre o representante como por el maestro, y permite evaluar el nivel de actividad, la capacidad de atención y el ajuste conductual.
    • Cuestionario de Integración Escolar, el cual debe ser llenado por el maestro y permite valorar el área de aprendizaje, lo mismo que el área social y psicológica del niño dentro del entorno escolar.
    • Test Proyectivo del Dibujo de la Familia, con el que se evalúa el área socioemocional y la integración familiar.
    • Test del Dibujo de la Persona Bajo la Lluvia, con el que se evalúa el área socioemocional y la integración yoica.
    • Otras pruebas psicológicas de ser necesarias según el caso a evaluar, como por ejemplo, Test de Crespo para Tachar Bien, Test de Capacidades Mentalistas para Trastornos del Espectro Autista, Inventario de Espectro Autista, Pruebas Funcionales en Habilidades Cognitivas, Hora de Juego Diagnóstica, Test del Dibujo a 2 Manos, entre otras.
  • Elaboración de un breve informe para los padres o representantes con los resultados y recomendaciones puntuales.
  • Elaboración de un breve informe para el equipo docente con recomendaciones aplicables al aula de clase para cada grupo de rasgos psicológicos observados durante la jornada de evaluación.

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La realización de la jornada se realiza de común acuerdo con la institución, en cuanto a convocatoria, cronograma, estructuración del grupo y plazos de entrega de los respectivos informes. Siendo necesario para su realización la participación de un mínimo de 12 niños y la facilitación de un espacio que cuente con sillas y mesas para la aplicación de las pruebas psicológicas.

Los costos se calculan en base a la cantidad de alumnos evaluados, siendo un valor fijo el estipulado, de modo que no cambiará por las dimensiones del grupo. El costo incluye el servicio de los psicólogos, los materiales de evaluación, el traslado al centro educativo y los informes elaborados.

Los psicólogos responsables de la Jornada de Evaluación Psicológica son:

  • Psic. Anaís Barrios Flores| Especialista en la Evaluación y Atención Psicológica al Niño y su Familia | F.P.V. Nº 6935 |
  • Psic. Víctor Mosqueda| Especialista en Evaluación y Atención Psicológica a Población con Necesidades Educativas Especiales | F.P.V. Nº 8210 |

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NOTA: El presente servicio está destinado únicamente a los centros educativos dentro del Estado Carabobo (Venezuela). De solicitar el servicio en otro estado del país, el centro educativo debería costear los viáticos para los psicólogos.

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Para consultar costos y disponibilidad, favor contactar por:

Teléfono:
[0426] 8420557 (De lunes a domingo en horario de Oficina).

Correo Electrónico:
psic.victorm@gmail.com

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Sobre mi Experiencia Laboral


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A continuación les presento mi resumen curricular, por si están interesados en saber un poco más sobre mi actividad profesional y los aprendizajes que he tenido a lo largo de este breve (al menos a mí me ha pasado volando), pero nutritivo tiempo como psicólogo clínico. Al mirar hacia atrás, tanto en mi formación como en mis trabajos y emprendimientos, siento que el camino ha sido trazado con muchos éxitos y alegrías, lo cual me hace ver con ánimo y esperanza lo que se viene por delante.

En el presente resumen curricular está la mayor parte de lo que he hecho profesionalmente, pero si quisieran saber un poco más podrían consultar mi perfil en linkedin, donde la historia se hace un poco más amplia y además involucra mis otros intereses profesionales, ajenos a la psicología. Aquí el link:

http://ve.linkedin.com/in/victormosqueda

Y por aquí les dejo un enlace para que puedan ver mi currículum en pdf, desde dropbox, en caso de que les resulte incómodo verlo en imágenes, como lo mostraré en las próximas líneas:

https://www.dropbox.com/s/mbeyvcixo963m7z/CV%20Psic%20Dic%202013%20Blog.pdf

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NOTA: La última actualización de este resumen curricular es de noviembre de 2013. Haciendo clic sobre cada imagen, la pueden ver de mayor tamaño.

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CV Psic Dic 2013 Blog-01

CV Psic Dic 2013 Blog-02

CV Psic Dic 2013 Blog-03

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Offtopic: Otros Intereses


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Crear este blog sobre mi actividad profesional como psicólogo, donde publico mis pensamientos sobre esta interesante materia de estudio y forma de vida, era una deuda que tenía pendiente desde hace ya un buen tiempo, y no terminaba de decidirme a pagarla. Parte de lo que me retenía es el tiempo que dedico a mis otras grandes pasiones. Arriesgándome a repetir un tópico repetido miles de veces, tendría que decir que la psicología, para mí, es mucho más que una profesión, en tanto la siento como una extensión de mi personalidad y mi forma de ver el mundo. Es inevitable que me acompañe a donde quiera que vaya, y la verdad es que hacemos un buen equipo. Pero la psicología no es la única pasión que llena mis días, no es el único lenguaje que habla a través de mí, ni el único cristal con que miro el mundo. Obviando temas tan importantes pero a la vez tan abstractos como la familia, mi familia, o las amistades, mis amistades, que también llenan mi vida y me enseñan a ver el mundo en colores diferentes, se podría decir que las dos mayores pasiones que me ocupan son la escritura y la cocina.

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La literatura, en específico la narrativa, y si vamos más allá el cuento, es el camino que ha escogido, desde hace más de una década, mi necesidad de expresarme. Por poco más de 14 años me he dedicado a explorar en la escritura de cuentos y microcuentos, y parte de esos experimentos pueden verse en mi blog personal (el de escritor, si le tuviéramos que poner un título), que es al que la imagen de aquí arriba hace referencia. Si quisieran conocer parte de esa faceta pueden hacer clic en la imagen. Durante ese tiempo he tenido el placer de ganar un par de premios, y estoy próximo a ser publicado en dos libros donde se compilan los textos de varios artistas. Cuando estén publicados les hablaré de ellos con más detalle. Por ahora, me contento con saber que en el camino de la búsqueda de mi voz narrativa, han sido muchos los retos superados.

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Dentro del mundo de las letras son muchos los vínculos que he creado. Pero ninguno más fuerte que los que guardo con mis amigos del Colectivo Letra Franca, que es el grupo de literatura al cual pertenezco y con quien he realizado algunas actividades de promoción y difusión de la literatura. Si quieren conocer un poco más de lo que hacemos en este grupo, pueden visitar nuestro blog, haciendo clic en la imagen a la derecha. Pero no podría hablar de amigos en el mundo de la literatura, sin hablar de mis amigos de Ilustratura, un grupo de 26 artistas internacionales, ilustradores y escritores, unidos para crear una novela, que es además una buena causa, pues los fondos derivados del proyecto, serán destinados a una fundación en España, que atiende a sujetos con Síndrome de Marfan. Para saber más de Ilustratura, has clic aquí.

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Para cerrar, uno de mis más recientes descubrimientos. Después de muchísimos años renegando de cualquier acercamiento a la cocina, por fobia y por un paladar infantil que nunca me atreví a madurar, después de casarme (un poco antes para ser justos con la cronología) he descubierto que me encanta cocinar, y mucho más que me encanta cocinar en pareja, pues hacerlo no es más que una extensión de la necesidad de crear, de compartir y de entregar afecto. Es por eso que mi esposa y yo hemos creado un blog de cocina para parejas, que llevamos con mucho detalle y mucho cariño. Si quieres conocer un poco más de los artículos y las recetas que publicamos allí, puedes hacer clic en la imagen de arriba. Estaremos gustosos de recibirte en ese espacio, y esperamos que se abra tu apetito y tus ganas de cocinar.

Y eso sería todo por ahora. Debo recordar que este es un blog de psicología y volver al tema que nos ocupa. Ahora conocen un poco más de mí y yo estaría encantado de saber quiénes son ustedes, las personas que me leen, y qué cosas les gustan e interesan. Así que si tú estás leyendo esto y quieres compartir algo de tu vida, el espacio de los comentarios es todo tuyo. ¡Saludos!

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